29 de junio de 2012

Co razón


A veces pienso por qué a uno le duele la vida y se agarra el pecho. Quiere que quiere mucho y siente como el corazón se le aprieta y le duele todo porque todo se corresponde tan sólo con ese órgano, que no es más que músculo y sangre; y yo me pregunto, ahí cuando crujen las palabras, ¿quién fue el condenado (y por no decir otra cosa) que se le ocurrió que ese órgano debía ser equivalente al querer? ¿Por qué no el estómago, el pie, el intestino grueso o delgado o el que no existe, si es mejor? Como si hubiese una relación entre ese aparato de circulación y una pareja que se ama y escribe sus nombres sobre él; como si un poema, a pesar de todos los efectos que tiene en quién los contempla, pudiese corresponderse con una bomba de sangre, tal vez porque limpia y oxigena, pero no el alma, tan sólo el cuerpo. Y yo me planteo ese por qué que larga blasfemias, porque ya es imposible imaginarse un corazón cuando se piensa en uno, como el dibujo biológico de que tanto se jactan los libros, y para qué, si cuando nos enamoramos la única imagen que se nos viene a la cabeza son dos pseudo círculos unidos, y de color rojo (eso queda más que claro), que en cualquier momento se va a quebrar al medio y ya en ese dibujo no quepa ni el tórax ni el abdomen , ahí no entran más que lágrimas. Y yo insisto en saber de donde surgió esta relación, porque tal vez, si ese condenado antes de enamorarse y agarrar su pecho, se le hubiese ocurrido poner sus manos en los pies o en los ojos, no estaríamos hablando de un “te amo” inscripto en una simbología abrazada por un peluche o las rosas no serían rojas y tal vez no serían nada, y tal vez se hubiese perdido todo ese “romanticismo” de catorce de febrero; pero, y en esto insisto rotundamente, si ese mequetrefe no hubiese puesto las manos en su pecho, y relacionado todo un ir y venir de sentimientos con un “me rompiste el corazón”, hoy capaz que estaríamos enamorados pero mirándonos los pies o con los ojos emparchados, con la vista hacia cualquier dolor pero no a dónde termina tu sonrisa, como para poder, por lo menos por un rato, olvidarme de que te quiero tanto. ¿A vos no te parece que así, todo esto sería mejor? 

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