A veces pienso por qué a uno le duele la vida y se agarra el
pecho. Quiere que quiere mucho y siente como el corazón se le aprieta y le
duele todo porque todo se corresponde tan sólo con ese órgano, que no es más
que músculo y sangre; y yo me pregunto, ahí cuando crujen las palabras, ¿quién
fue el condenado (y por no decir otra cosa) que se le ocurrió que ese órgano
debía ser equivalente al querer? ¿Por qué no el estómago, el pie, el intestino
grueso o delgado o el que no existe, si es mejor? Como si hubiese una relación
entre ese aparato de circulación y una pareja que se ama y escribe sus nombres
sobre él; como si un poema, a pesar de todos los efectos que tiene en quién los
contempla, pudiese corresponderse con una bomba de sangre, tal vez porque
limpia y oxigena, pero no el alma, tan sólo el cuerpo. Y yo me planteo ese por
qué que larga blasfemias, porque ya es imposible imaginarse un corazón cuando
se piensa en uno, como el dibujo biológico de que tanto se jactan los libros, y
para qué, si cuando nos enamoramos la única imagen que se nos viene a la cabeza
son dos pseudo círculos unidos, y de color rojo (eso queda más que claro), que
en cualquier momento se va a quebrar al medio y ya en ese dibujo no quepa ni el
tórax ni el abdomen , ahí no entran más que lágrimas. Y yo insisto en saber de
donde surgió esta relación, porque tal vez, si ese condenado antes de
enamorarse y agarrar su pecho, se le hubiese ocurrido poner sus manos en los
pies o en los ojos, no estaríamos hablando de un “te amo” inscripto en una
simbología abrazada por un peluche o las rosas no serían rojas y tal vez no
serían nada, y tal vez se hubiese perdido todo ese “romanticismo” de catorce de
febrero; pero, y en esto insisto rotundamente, si ese mequetrefe no hubiese
puesto las manos en su pecho, y relacionado todo un ir y venir de sentimientos
con un “me rompiste el corazón”, hoy capaz que estaríamos enamorados pero
mirándonos los pies o con los ojos emparchados, con la vista hacia cualquier
dolor pero no a dónde termina tu sonrisa, como para poder, por lo menos por un
rato, olvidarme de que te quiero tanto. ¿A vos no te parece que así, todo esto
sería mejor?
No hay comentarios:
Publicar un comentario