19 de noviembre de 2012

II


No son mis palabras si no gotas.
Un pequeño poema
que yace sobre la mesa
envuelto en un pañuelo.

No es mío este dolor si no tuyo.
El vuelo de un pájaro
dentro de una jaula
queriendo acariciar las nubes.

No está dicho lo que quise decir si no escrito.
La prematura sensación de torpeza interrumpiendo
el momento de tantas cosas bonitas
que tanto bien me hacen.

Y no pido otro día si no un reloj nuevo,
en donde las horas se apiaden de la liviandad del alba,
y susurren a tu oído
todo aquello que se esconde de nosotros. 

16 de noviembre de 2012

I


Quiero soñar con gaviotas,
arrojarme al césped a descansar despacio
y mirar  cómo las nubes vuelven a su lugar de origen.
Que las cosas se escondan de mí,
que las tazas se ensucien por sí solas
y que nada me importe si no estar acá,
a dónde no estoy
pero quiero estar.
Y si de pronto vuelvo a caer
a la fosa intrusa que me contempla,
andate
no dejes que las sombras te empapen el alma.
Que los párpados sólo se te cierren al reír.

13 de noviembre de 2012

Tomo partido por cualquiera menos por mí


No me gusta perder en ningún aspecto de mi vida, por eso es que tengo la leve manía de jugar a que gano todo el tiempo. Claramente, aunque lo que me rodea me señala la pizarra, y las personas, como expectantes y actores, me informan sobre la manera en que yo me deslizo por el campo constantemente, yo hago caso omiso de eso y sigo jugando, siempre con la conciencia ingenua de que en la figura del ganador sólo se puede contemplar mi nombre. Hasta aquí llegué la última vez que jugué. Hace un par de minutos en realidad. Cuando mi conciencia descansaba en el medio del juego (juego que voy ganando por cierto, lo que me da todo el derecho a tirarme a descansar cuando le deseo ya que los tantos en contra o bien no son válidos o bien no existen o tal vez cuentan pero no para dar por perdido el juego) me entró una especie de nerviosismo, mezcla de cansancio y sustancia rara, y caí en la cuenta de que mis poros no derramaban si no lágrimas y que la pelota no era si no mi propia cabeza. La pantalla (que en realidad yo nunca había mirado porque no era necesario que mis ojos se enfoquen en algún lado dado que el juego no se basaba en otra cosa que en mí, por lo que las miradas de los otros debían enfocarse en y no yo en) me indicó aquello que yo había obviado que no era ni más ni menos que el resultado del propio juego, y bajo mi nombre se inscriba un número que yo desconocía, y no porque las matemáticas me dejaron de gustar de chica, si no porque me negaba a reconocer tal número de mala muerte que me venía acompañando de hace rato y yo tan bien lo sabía.
He aquí mi conclusión: si esto es un juego, claramente ya no quiero seguir jugando. Remontar un partido como el que llevo sobre mis espaldas es sumamente difícil, y dado a que mi confianza en mí me estuvo superando todo este tiempo ahora me jugó una revancha que terminó con una patada en las costillas que ni te cuento, por lo que no tan sólo me encuentro sola de esperanzas, si no también de confianza y de mí misma, dado que hasta mi propia sombra me abandonó cuando no me di cuenta, y se escapó con toda la gente que, harta de elevar cánticos por la manera en que se venía jugando, se aburrió (y a buena hora) del espectáculo mediocre.
He aquí el resultado: mi persona encerrada en su propio campo de juego, un campo que creó y recreó por un tiempo que parecía infinito, pero ahora las puertas del reloj se le cerraron, y entra en razón de que es un martes y necesita un mate, y qué andas necesitando vos si cuando yo te necesité ah dónde estabas, y te juro que te comprendo si me llegas a decir eso, expectante espectador de mis desgracias, ya que a este juego entró en un receso dado que mi persona, hoy por hoy, no quiere seguir jugando.
He aquí las consecuencias: el sindicato de mis jugadores han anunciado formalmente hace dos segundos que si no se cambian las reglas del juego no van a seguir participando. Han expresado, mediante un comunicado de prensa a mi cerebro, que “no puede ser” que el árbitro nunca haya cobrado en contra, y piensan levantar una queja por “falta de sinceridad en sí misma” a la Corte Suprema del Yo, y además, buscan que se vuelvan a habilitar los oídos sordos de los jugadores.
Okey. Claramente no me encuentro en condiciones de seguir jugando este juego, que por lo que se rumorea en los vestuarios no es más que la vida misma, y la solución según el técnico momentáneo (algo esperanzador pero no por eso menos pelotudo) es comenzar a patear para atrás y manejar la pelota, algo así como “revisa todo lo que hiciste este último tiempo y bancátela”.
Informaron los interinos que las reglas del juego cambiaron. “Nada de hacerse los pelotudos, esta vez vamos a jugar bien. Y si hay que perder, habrá que dejarse ganar, ahora hay otras cosas en juego, y nada de ponerse violento o largarse a llorar en el medio del partido”, y aunque los jugadores se encontraron medios molestos por las nuevas consignas, se resignaron e inmediatamente levantaron el paro en el que se encontraban desde hace unos minutos.
El segundo tiempo comienza en cualquier momento, afirma el relator. 

12 de noviembre de 2012

Pasado mañana


Me llueven las palabras
ahí donde el hueco que dejaste en el sillón
se hace cada vez más grande.
Son moneda corriente en mi bolsillo
las tristezas acumuladas,
y entre mis dedos se resbalan las horas copiadas al reloj de la pared.
Si súbitamente
me dejo caer
ante tanto libro que llora sus pétalos
y desplomarme en los mates amargos
y poner la cabeza a la altura de una hoja de papel
y sonreírle al espejo - aunque sea sin la esperanza de encontrar una sonrisa de vuelta -
tal vez
me encuentre con una pirámide de casos en la alacena
que sólo me pueden arrastrar hasta la cama
pero tal vez eso
(el ocaso, el quiebre necesario, el bisturí en el medio del pecho)
no sea otra cosa que una salida:
la última lágrima
como quien pide la cuenta al mozo
en el café de la esquina.

La espera


Y salirse de donde queman las sombras.
Abrirse pasos entre las espinas,
arrancar a los ratones que hacen el amor en nuestra lengua,
vomitar la sopa de palabras
sin pensar en el futuro de la alfombra;
dejar que las paredes se destiñan
y que el pico de la canilla sea el único sonido de la sala.
Sentarse en el sillón del living
con una copa en la mano
y llorarla entera
hasta que la luna se apiade
y baje suspirando a compartir la tristeza,
a calibrar la sustancia
de la que están hechos los cuerpos a esa hora de la noche.

7 de noviembre de 2012

Alone together


Mis dolores de cabeza tienen nombre y apellido.
Las cortinas del living se pelearon con mi sombra y se quieren ir por la ventana.
El resfrío que tengo pertenece a la ausencia de un abrazo en la noche de antenoche,
 y mi estómago estremece al sentir un corazón que no es el mío.
Mis pies se enojaron tanto que se ampollan al usar un zapato,
y los mosquitos comenzaron a zumbarme la revancha en el oído.
Las calles no me reconocen y la luna no me saluda,
motivo por el cual el sol se me ríe a carcajadas.
El pelo se me cae al mismo ritmo en que estornudo,
y las uñas me crecen a destiempo y con bordes anaranjados.
Las manos me reclaman algo que no tengo,
y mi pieza guarda un desorden que se corresponde con el de mis intestinos.
Y ante tanto despelote

Yo creo
que de vez en cuando
es de valiente sonreírle al espejo.

6 de noviembre de 2012

Lo mismo


Si no pensas ni sentis ni soñas
ni lloras ni cantas ni anhelas
ni aspiras ni suspiras;
y tampoco te carcomen las palabras, los silencios
y no te sumís en el limbo de fantasía y realidad en la crudeza de la noche
y no te apasionan los grises, las narices frías
y si no queres no podes no buscas
ni tenes la intención, la duda, la quimera
y las paredes no te acorralan, no te desvisten, no te despojan

Quedate tranquilo,
yo igual me quedo acá.