9 de marzo de 2014

A la muchacha que recordé un domingo por la mañana

Te escribiría un poema.
No. Cien.
Pero las palabras
las únicas capaces de decir
son ahora las que no dicen:
creo que me las olvidé en la plaza que nos vio por vez primera
o en el huequito detrás de tu oreja
o si no en algún vino, cualquiera que tomamos
para aplazar la llegada del mediodía

es más, te prometí miles de poemas
y ni uno puedo escribir ahora
que tus ojos ya no me miran
que tu boca no se mueve para mí
que tus dedos no me buscan
y la cama está fría y no hay té

No hay dudas: te extraño
y en mi paladar dolores y sabores se mezclan
el saber que te quise y nada más
que la luna canta su mejor canción
sólo para nosotras
y que la vida era eso que yo no conocía
hasta que viví en tus ojos
una mañana de colores infinitos

será que ahora despertaría con vos
haría el amor con vos
te hablaría sólo a vos
mezclaría mi cuchara en tu taza de té
te reirías, y yo también
y escucharía una canción con vos
para teñirla con tu nombre
y volveríamos a reír
y el día pasaría y yo te querría
tanto como ahora, pero un poco más cerca
sólo un poco
será que pienso en todo eso
las posibilidades de vos que ahora conozco
y sonrío y lo confirmo: te extraño
y mi alma pequeñita te besa los ojos
mientras lo digo por lo bajo para que no me escuchen los vecinos
no sea que no vayan a comprender
el amor que vos y yo fundamos bajo la mirada de su dios.


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